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"Mamá, mamá, yo vi a papá haciendo algo con la sirvienta".
"Sí, ¿y qué más?"
"Bueno, él la estaba besando y tocándola; luego fueron al despacho, la montó en el escritorio, le quitó la ropa interior y le metió el..."
"Bien, hijo, este domingo, en la cena familiar, se lo cuentas a todos para que lo sepan".
Llega el domingo por la noche, toda la familia está sentada dispuesta a cenar, y le dice la madre a Jaimito que lo cuente.
"Mi papá estaba besando a la sirvienta y tocándola; luego se la llevó al despacho, la montó encima del escritorio, le quitó la ropa interior y le metió el... el... Mami, ¿cómo se llama lo que tú le chupas al chofer?"
Un hombre se quejaba de un fuerte dolor en el hombro y un amigo le dice, "Hay una computadora en la farmacia que puede diagnosticar cualquier cosa, mucho más rápido y más barato que un doctor. Pones una muestra de tu orina y la computadora te diagnostica tu problema, y te sugiere qué hacer. Además, sólo cuesta 5 pesos".
El hombre llenó un frasco con orina y fue a la farmacia. Encontró la computadora y puso la muestra de orina dentro de la máquina. Luego depositó los $5 en la ranura. La computadora comenzó a hacer ruidos, a encender y apagar varias luces, y luego de una pequeña pausa, por una ranura salió un papel que decía:
Ud. tiene hombro de tenista
Frote su brazo con agua caliente y sal
No haga esfuerzos físicos de magnitud
En dos semanas va a estar mucho mejor
Más tarde, decidió probar si la computadora podía ser engañada. Mezcló agua de la canilla, un poco de caca del perro, un poco de pis de la hija y su mujer. Para terminar, se masturbó y puso su semen en la extraña mezcla. Fue a la farmacia, encontró la computadora, y le puso la mezcla, además de los $5. Después de los sonidos y luces de rigor, la máquina imprimió el siguiente análisis:
Su agua es demasiado impura: Cómprese un purificador
Su perro tiene parásitos: Déle vitaminas
Su hija se droga: Intérnela en un instituto de rehabilitación
Su esposa está embarazada: Y no es suyo. Consiga un abogado
Y si no deja de masturbarse, no se le va a curar nunca el hombro.
Un mexicano está tranquilamente tomando su desayuno, cuando un típico estadounidense, mascando chicle, se sienta a su lado. El mexicano ignora al yanqui, y el americano no muy contento con eso, trata de hacerle conversación preguntando:
"'Excuse me', ¿ustedes se comen todo el pan?"
"Por supuesto", contesta el mexicano.
"Nosotros no, sólo comemos la migaja de adentro del pan y la parte de afuera la ponemos en un 'container', la reciclamos, la transformamos en harina y la exportamos a México".
El mexicano escucha en silencio, imperturbable. El americano sigue mascando chicle e insiste:
¿Ustedes se comen la mermelada con el pan?"
"Por supuesto", contesta el mexicano.
"Nosotros no. Nosotros en el desayuno comemos fruta fresca, la cáscara y las semillas, las ponemos en otro 'container', las reciclamos, la transformamos en mermelada y la exportamos a México".
El mexicano, ya un poco alterado, le pregunta:
"Y ustedes, ¿qué hacen con los condones después de usarlos?"
"Los tiramos a la basura, 'of course'".
"Nosotros no, después de usarlos los ponemos en un contenedor. Los reciclamos; los transformamos en chicles y los exportamos a los Estados Unidos".
Un hombre murió y fue enviado al infierno. Allí encontró al diablo, quien le dijo que acababan de introducir algunas mejoras y que ahora cada nuevo inquilino podía elegir entre tres tipos de tortura. El demonio le explicó que estas torturas corrían en ciclos de mil años y que podía elegir en cuál ciclo empezar.
El tipo fue conducido por el diablo a la primer sala de torturas donde un hombre estaba siendo azotado con cadenas.
"Paso al siguiente", dijo el fulano.
En la siguiente sala, un hombre estaba colgado de los brazos y lo estaban azotando con un látigo con puntas de hierro. El tipo sacudió la cabeza en señal de disgusto.
Finalmente, pasaron a la última sala, donde otro hombre estaba atado a la pared, totalmente desnudo. Una mujer escultural le estaba prácticando sexo oral. El tipo indica:
"Sí, sí, aquí es donde quiero empezar".
El diablo le preguntó:
"¿Estás seguro? Te recuerdo que esto va a durar mil años".
"Sí, estoy seguro. Éste es el lugar".
"Bueno", acepta el demonio encogiéndose de hombros.
El diablo caminó hasta donde estaba la hermosa rubia, le tocó el hombro y le dijo:
María era la más sabrosona del pueblo, la que mejor lo meneaba, la que se los echaba a todos. Un día llega a su casa y su mamá le cuenta que no hay nada que comer.
"Tranquila, mamá ahorita salgo y consigo algo".
En lo que sale, ve venir a lo lejos al bobo del pueblo con tres gallinas y piensa:
"Listo, a este idiota le quito las gallinas".
Se arregla el pelo, los pechos y se acerca al tipo:
"Hola, ¿por qué no me regalas esas gallinas?"
"No, esas son mis gallinas".
María le insiste con voz dulce:
"Anda, regálame las gallinas".
El bobo le replica:
"No, esas son mis gallinas".
Ella sigue insistiendo hasta que el tipo le propone:
"Bueno, si me dejas mamarte un seno te doy una gallina".
Indignada, la chica le contesta:
"¡Estás loco! Por una gallina, no"
"Bueno, entonces me voy".
María al recordar a su familia cede:
"Está bien, vamos a aquel árbol".
Se saca un seno y el sujeto comienza a chupar:
"Much, much, much".
Después de eso, la joven se arriesga:
"¿Por qué no me das otra gallina?"
"No, esas son mis gallinas".
"Anda, dame otra gallina", insiste.
"Bueno, si te dejas chupar otro seno".
"Caramba, está bien, total ya me chupaste una".
María se saca el otro seno y el bobo:
"Much, much, much".
Mientras el hombre estaba en lo suyo, María le dice:
"Dame la otra gallina, ¿qué vas a hacer con una sola? ¡Anda!"
"Bueno, si te dejas chupar la crica".
La mujer se queda pensando y acepta:
"Está bien, vale".
Y el bobo empieza a chupar; María comienza a agitarse, a gemir y gritar. Toda excitada le suplica:
Una pareja llevaba muchos años de matrimonio y no había logrado tener familia. Tras consultar varios doctores, sin éxito, fueron a ver a un especialista muy renombrado quien, tras muchos estudios, les dijo que la única solución era que buscaran un padre sustituto.
"¿Y qué es un padre sustituto?", pregunta la señora.
"Es un hombre seleccionado con mucho cuidado y que hace, por una única vez, las funciones del esposo para que la mujer quede embarazada".
La señora vacila un poco; pero su marido le dice al doctor que él no tiene ningún inconveniente con tal de ver realizada su ilusión de convertirse en padre. Pocos días después, se contrata a un joven y se hace una cita para que al siguiente domingo por la mañana, cuando se ausente el marido de la casa, vaya y visite a la señora para cumplir su tarea.
Sin embargo, sucedió que un fotógrafo de niños había sido llamado a una casa vecina para retratar a un bebé. Por azar del destino, el hombre se equivocó de casa llegando al de la señora:
"Buenos días, señora, vengo por lo del niño".
"Mmm, sí, pase usted. ¿Gusta tomar algo?"
"No, muchas gracias, el alcohol no es bueno para mi trabajo. Lo que quisiera es comenzar cuanto antes".
"Muy bien, ¿le parece si vamos a la habitación?"
"Puede ser allí, pero también me gustaría una aquí, en la sala, dos en la alfombra y otro en el jardín".
"¿Pues cuántos van a ser?", se alarmó la señora.
"Ordinariamente son cinco en cada sesión, pero si la mamá coopera pueden ser más, todo depende", dijo mientras sacaba del portafolios un álbum. "Me gustaría que viera antes algo de lo que he hecho. Tengo una técnica muy especial y única que le ha gustado mucho a mis clientas, por ejemplo, mire el retrato de este niño tan bonito: lo hice en un parque público, a plena luz del día. ¡Cómo se juntó la gente para verme trabajar! Esa vez me ayudaron dos amigos, porque la señora era muy exigente: con nada le podía yo dar gusto y quedarle bien. Para colmo, esa vez tuve que suspender el trabajo porque llegó una ardilla y comenzó a mordisquearme el equipo".
La señora, estupefacta, escuchaba todo esto mientras el fotógrafo continuaba:
"Ahora vea estos mellizos. En esa ocasión sí que me lucí, todo lo hice en menos de cinco minutos: llegué y ¡paf!, dos tomas y mire los gemelos que me salieron.
La señora estaba cada vez más asustada oyendo al fotógrafo que continuaba:
"Con este niño batallé un poco más, porque la mamá era muy nerviosa. Yo le dije: mire señora, usted volteé hacia el otro lado y déjeme hacer todo a mí. Ella se volteó, y así pude yo hacer mi trabajo".
A esta altura, la señora estaba a punto del desmayo. El fotógrafo guardando su álbum le dice:
"¿Quiere que comencemos ya, señora?"
"Cuando usted diga".
"Está bien, voy por mi trípode".
"¿Trípode?", dijo temblando la señora.
"Sí", comenta muy tranquilo el fotógrafo, "es que usted sabe, mi aparato es muy grande y necesito un trípode para apoyarlo y estabilizarlo, porque ni con las dos manos puedo sostenerlo bien... ¿Señora?, ¿señora?... ¡Señoraaaaa!"
Llega la maestra ante el director toda descompuesta y chilla:
"No trabajo un día más acá, ¡RENUNCIO!"
"¿Por qué, si usted es nuestra mejor maestra?", pregunta el director.
"Es que no soporto al alumno Jaimito, siempre me sale con una grosería y ya no sé que hacer con él..."
"No se preocupe, ahora que vienen los exámenes pongámosle una trampa para poder botarlo del colegio".
Se ponen de acuerdo y la maestra muestra una sonrisa diciendo en su mente:
"Te jodiste, Jaimito, de ésta no te escapas".
Llega el día del examen y la profesora les informa a los alumnos:
"Bien, niños, hoy vamos a hacer un examen diferente: yo les escribiré un número en la pizarra y ustedes a través de una canción harán la suma y me darán el resultado, ¿estamos claros?"
"Sí, sí", contestan todos.
"A ver, Luisito, pase usted".
Y la maestra escribe el número 16 en la pizarra.
"Tienes 10 segundos para contestar".
"¡Maestra, lo tengo!"
"Dame la respuesta".
"2 y 2 son 4, 4 y 2 son 6, 6 y 2 son 8, y 8 16".
"Muy bien".
Todos los niños aplauden.
"A ver, Juanito".
"Diga, maestra".
La maestra escribe el número 60.
Nuevamente comienza el tic- tac... Y a los 7 segundos exclama Juanito:
"Maestra, lo tengo".
"Dime, Juanito".
Y Juanito comienza a cantar una canción de José José: "40 y 20, 40 y 20..."
"Muy bien", le felicita la profesora y todos los niños aplauden.
Le toca el turno a Jaimito y la maestra, con una sonrisota, hablando en su mente:
"Ahora si te JODISTE", y le escribe el 23 en la pizarra.
Comienza el tic- tac y Jaimito piensa:
"¡Mierda, esta vaina está muy jodida!"
Tic- tac... Y a los 9 segundos pregunta Jaimito:
"Maestra, ¿puedo rapear?"
"¿Rapear?", pregunta la maestra.
Y los demás niños gritan:
"¡Que rapee, que rapee, que rapee...!"
"Bien", acepta la maestra.
Y comienza Jaimito:
"Tchum tiquitachum tum... to to to, la maestra del coño me vino a joder, con una sumatoria que debo resolver: Los dedos de mis manos, los dedos de mis pies, el palo y las dos bolas... ¡Suman veintitrés!"
Juanita y Pepe estaban por comprometerse en matrimonio. Pero antes de aceptar, ella pensó que sería prudente confesarle que, debido a una enfermedad infantil, sus senos no se habían desarrollado normalmente y, debido a eso, se le habían quedado de un tamaño equivalente a los de una niña de doce años.
Al enterarse de su secreto, Pepe le aseguró que no tenía de que preocuparse, que el amor que sentía por ella estaba por encima de eso. Y ya que estaban en eso de las confesiones, pensó que también sería bueno contarle un secreto que escondía por muchos años. La miro a los ojos y le dijo:
"Mi amor, tengo que decirte que tengo el pene del tamaño de un recién nacido. Espero que esto no sea problema".
Ella le contestó que el tamaño de su pene no sería ningún problema, porque lo amaba tanto que buscaría la manera de solucionar ese 'pequeño' problema.
Se casaron, y al llegar al hotel donde pasarían su luna de miel, inmediatamente comenzaron con los manoseos y caricias. En eso, al introducir Juanita su mano en los calzoncillos de Pepe, soltó un grito ensordecedor y salió corriendo de la habitación. Alcanzándola, Pepe, asombrado, le preguntó qué era lo que le había pasado. Todavía agitada, la chica le contestó:
"¡Me mentiste, me dijiste que tenías el pene del tamaño de un recién nacido!"
"Es verdad, cariño, lo tengo del tamaño de un recién nacido: pesa tres kilogramos y mide 48 centímetros de largo".
Dos mujeres jugaban golf en una mañana soleada. De pronto vieron con horror como la pelota se dirigía directamente hacia unos hombres que jugaban en el siguiente hoyo.
La pelota golpeó a uno de los hombres, quien de inmediato juntó ambas manos en medio de sus piernas, y cayó al suelo rodando y gimiendo lastimosamente.
Las mujeres corrieron hasta donde estaba el hombre. Una de ellas, sintiéndose culpable, dijo: "Por favor, déjeme ayudarlo. Soy quiropractica y sé como quitarle el dolor si usted me lo permite."
"Ouch, auuuu, noooo. Estaré bien... el dolor se me pasara en unos minutos", contestó el hombre.
Ella insistió hasta que finalmente él le permitio ayudarlo; ella gentilmente le separó las manos y lo acostó a su lado, le desabrochó los pantalones, puso sus manos dentro y comenzó a masajear.
"Se siente bien?" preguntó la dama.
"¡Me siento fantastico!" contestó el hombre, "pero el dedo me sigue doliendo..."
>Apasionada y hondamente la quiero a Ud. jo-
ven y hermosa y como es natural yo deseo proce- >der con prontitud y eficacia, al fin de pre-
sentarla luego en el altar de la iglesia y no enga- >ñarla vilmente, pues pienso que usted es la más pu-
ra y mujer inimitable de la mujer buena y cas- >ta que pudo haber existido.
>Asímismo, deseo depositar en usted el se-
creto de mi alma, e impedir que mis venas se que- >men con ardiente pasión, y después de haber for-
malizado nuestras relaciones y haber comu- >nicado a su mamá y hermanas quedará mi ver-
dadera pasión correspondida, a fin de que la ha- >ga feliz con tanta pasión.
>La verdad le digo, que el más afortunado cu-
pido mirándonos dichoso con tan ardiente anhe- >lo envidiaría nuestra dicha; créame que co-
nocer la felicidad matrimonial que desea toda mu- >jer, es lo más importante en la vida.